Richard Elmore, profesor hace 30 años en la Escuela de Educación de la U. de Harvard: “La idea de que a los 18 años hay que decidir quién va a ser uno es simplemente absurda”

June 10, 2019
Richard Elmore

Disruptivo, el académico pide sacudir la mirada tradicional de la educación, la que le parece estructurada y poco efectiva. De visita en Chile acaba de lanzar un programa que apunta hacia este objetivo.

Richard Elmore calcula haber visitado cerca de 4 mil colegios a lo largo de su carrera. Profesor de la Escuela de Educación de la Universidad de Harvard y miembro de la Academia Nacional d Educación de Estados Unidos, el académico explica que su principal práctica durante estas visitas es observar lo que ocurre a su alrededor.

“Me considero un realista de las escuelas. He visto que muchas tienen que ver con custodia y control, que pasan a ser una forma de mantener a los niños fuera de la calle. Así que si no eres un problema y sigues las reglas, la institución te hará la vida más fácil. Pero eso termina por perjudicar a muchos niños”, explica Elmore, quien visitó Chile para lanzar ecosiSteam, un programa creado por el David Rockefeller Center for Latin American Studies (DRCLAS) de Harvard y la Oficina Regional de DRCLAS en Chile, con el apoyo de la Embajada de Estados Unidos.

El objetivo principal del programa es promover metodologías y visiones transformadoras del aprendizaje, estableciendo puentes entre la ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas y también artes, tomando en cuenta el concepto de creatividad (esto en inglés se conoce bajo el acrónimo de STEAM).

La idea se relaciona con una de las grandes cruzadas de Elmore: ampliar los conceptos de colegio y aprendizaje. Volviendo a la idea de que existen niños a los que las escuelas en ocasiones perjudican, el académico pone como ejemplo aquellos con inclinaciones artísticas. “Muchos jóvenes que se sienten atraídos por las artes son personas para las que el sistema de educación secundaria tradicional no funciona bien. Las artes no siempre están al nivel de la ciencia y la tecnología; se les otorga un status distinto”.

Las disciplinas artísticas por lo general tienen menos horas y recursos. Además, es poco común que se mezclen con otras asignaturas. “Todavía no hemos descubierto cómo capitalizar el hecho de que los alumnos con inclinación por las artes son personas altamente motivadas”.

Al incorporarlos en una rutina muy esquematizada, con poca tolerancia a los cambios y cabida para la creatividad, esta motivación inicial suele decaer y transformarse en frustración.

Ese desencanto por el aula es una de las cosas que busca evitar ecosiSTEAM, que trabajará con especialistas locales y extranjeros, además de organizaciones educativas, para sacar adelante las mejores propuestas para llevar el concepto de STEAM a las clases chilenas.

Richard Elmore

Salirse del camino

Richard Elmore dice no tener una fórmula mágica para implementar cambios. Sí apuesta que abrir la gama de metodologías de aprendizaje y tomar en cuenta a estudiantes que suelen quedar desplazados son un primer paso necesario.

“Ahora mismo estamos insertos en una situación donde si a los 18 años no has decidido qué quieres hacer, algo anda mal contigo”.

El problema con ese modelo “es que está totalmente fuera de sincronía con el mundo, porque la gente cambiará sus carreras cuatro o cinco veces a lo largo de la vida. Entonces la idea de que a los 18 hay que decidir quién va a ser uno es simplemente absurda. Académicamente, una de las cosas que logra es evitar que los niños tengan oportunidades para ser lo que llamamos personas de florecimiento tardío”, acota.

Para dar un ejemplo de esto último, Elmore menciona la Escuela de Medicina de su universidad, que hasta hace unos años solo se enfocaba en candidatos que hubieran seguido una trayectoria más bien similar: muchos cursos científicos en el colegio, actividades extracurriculares, notas sobresalientes y mentalidad competitiva. Y si bien plantea que esas cosas siguen pensando al momento de postular, el académico explica que se han abierto cupos “para quienes no siguen el camino tradicional. Porque se pensó que ellos podían aportar algo nuevo, tener una mirada distinta. Conozco el caso particular de una licenciada en Inglés que, después de estudiar, ya casada y con un hijo, decidió que quería ser médico. Estaba muy motivada por eso”.

Tras obtener un cupo en la prestigiosa escuela, sus profesores notaron que a diferencia de “muchos de sus compañeros con entrenamiento tradicional, quienes aspiraban a ser profesionales altamente especializados y con mucho dinero, ella prefería la medicina comunitaria”. Una práctica menos común, pero extremadamente necesaria.

Para ayudar en la tarea de flexibilizar instituciones de educación, una idea es trabajar en base a proyectos. Elmore destaca lo que han hecho estudiantes estadounidenses del programa NuVu, los que para aprender sobre los refugiados fueron a hablar con algunos de ellos, llevaron expertos al aula o realizaron entrevistas virtuales. En otra ocasión, al tratar el tema de la discapacidad, un grupo terminó creando su propia silla de ruedas.

En este caso, la metodología consistió en definir un problema y luego una posible solución. Diseñaron un prototipo, el que luego fue sometido a críticas de los compañeros y de grupos de interés. Y entonces se volvió a hacer una, dos, tres…siete veces. “Hasta que terminó en un modelo extremadamente pulido”, dice Elmore.

SOURCE: Diario El Mercurio