La educación ante la crisis: el espejismo de la meritocracia y la vía hacia un nuevo pacto social

November 17, 2019
Richard Elmore

"Políticos oportunos han hablado de crisis para generar reformas que han tenido poco o ningún impacto real". -Richard Elmore, U. DE HARVARD

Chile no es el mismo país que era hace un mes. Lo saben los políticos, las personas que han salido a las calles a manifestarse e incluso quienes nos observan desde el extranjero, atentos al desarrollo de una crisis social que pocos supieron predecir. Dentro de este último grupo se suman varios especialistas en educación.

A cinco de ellos -repartidos en cuatro países- los invitamos a compartir su mirada sobre la situación actual, sobre el papel que pudo tener el sistema educativo en el descontento de la población y el rol que deberían cumplir desde ahora en adelante las salas de clases en la elaboración de un nuevo pacto social.

Desde Brasil, el científico social Simon Schwartzman, presidente del Instituto de Estudos do Trabalho e Sociedade de Río de Janeiro y exprofesor visitante de universidades como Stanford y Oxford, comenta que en los últimos años, de la mano de buenos resultados académicos a nivel regional (pero no así a nivel internacional), la educación chilena generó muchas expectativas respecto de su potencial.

Tantas, que no fue capaz de cumplir con todas. Por ejemplo, aunque muchas personas lograron entrar a la universidad, varias instituciones de educación superior fueron quebrando, quitando validez a sus títulos profesionales.

"Las aspiraciones creadas por el proceso de crecimiento de la economía y mejora de la educación fueron más allá de lo que podían cumplir. Se crearon muchas expectativas que los sistemas económico y político no lograron atender", explica el académico, quien advierte la frustración que esto genera.

Sistema segregado

Su postura es similar a la que hace unos días, en esta misma sección, dio a conocer Martin Carnoy, economista y especialista en educación de la Universidad de Stanford, quien al referirse a la gratuidad reconoció que "tuvo un buen efecto en cierto grupo de estudiantes, quienes en otras circunstancias probablemente no habrían accedido a la universidad por no haber podido pagarla, pero para una masa importante de estudiantes de bajos recursos creo que puede haber tenido poco efecto".

Esto debido a una formación escolar deficiente, que hace que no todos logren el requisito mínimo de rendir cierto puntaje en la PSU.

La inequidad que supone contar con un sistema escolar estratificado y segregado no deja indiferente a los expertos consultados.

Richard Elmore, profesor de la Escuela de Educación de la Universidad de Harvard y parte del proyecto ecosiSTEAM que esa casa de estudios promueve en el país, es de la idea que ante un escenario tan desigual, no es correcto hablar de meritocracia, concepto que alude a quien prospera por sus méritos, y muy difundida en Chile.

"La idea de mérito, especialmente representada en la práctica del sector educativo es, en mi opinión, una construcción puramente artificial que se utiliza para justificar el privilegio social y la desigualdad existentes. El mejor predictor de quién en la generación actual tendrá éxito es la historia familiar de la generación anterior. Las excepciones a este patrón se usan para justificar el mito de que cualquiera puede triunfar".

¿Qué hacer, entonces?

Para Susan Fuhrman, quien hasta 2018 fue presidenta del Teachers College, la escuela de posgrado en Educación de la Universidad de Columbia, un primer paso es contar con programas estatales que enseñen a las familias, especialmente a las mamás cuando están embarazadas, sobre la importancia de, por ejemplo, alimentar no solo con productos grasos a sus hijos, así como de leerles desde la primera infancia.

Aunque para muchos puede parecer obvio, Fuhrman explica que esto puede variar mucho según el capital cultural de cada hogar.

"Cuando existe inequidad en una sociedad, muchos niños al empezar la escuela ya entran en desventaja, porque mientras su vocabulario es de cientos de palabras, el de aquellos con más solvencia económica puede ser de miles. Y las escuelas no tienen la capacidad para compensar eso", indica.

Condición previa

Claudia Rozas, académica de la Universidad de Auckland, quien estudia temas de inequidad en educación, concuerda con la idea de que esta última no tiene la capacidad de resolver todos los problemas de desigualdad. "La educación es parte de la solución, pero también se necesita una política social, de bienestar, de salud, vivienda y pensiones", explica.

"La meritocracia asume que todos empezamos en el mismo lugar, pero eso no es así. La educación, de la mano de una política social, tiene que reconocerlo y ayudar a los que necesitan más apoyo, porque las estadísticas muestran que la educación tiende a reproducir las desigualdades en vez de terminar con ellas".

Desde Alemania, Ingrid Gogolin, académica de la Facultad de Educación de la Universidad de Hamburgo, retoma esa idea.

"La educación debe asegurar que los jóvenes puedan actuar de forma autodeterminada y de manera responsable incluso en las condiciones más difíciles. Sin embargo, esto presupone que el sistema tome en cuenta sus condiciones de vida específicas, que las tomen en serio como prerrequisitos educativos. Bajo esta comprensión de la educación, es necesario tomar medidas distintas para niños y jóvenes distintos: aquellos que viven en condiciones difíciles deben recibir apoyo intensivo".

A nivel general y como una estrategia para conquistar a niños en riesgo de desertar de la escuela, Elmore propone flexibilizar más las instituciones de educación, fomentando los ramos artísticos y motivando a los estudiantes a través del trabajo en base a proyectos.

Fuente: El Mercurio