Judy Singer, Vicedecana: La defensora de la igualdad

January 30, 2018
singer

Por Paula Molina, El Mercurio, Revista YA

La vicedecana Judy Singer está a cargo de impulsar la diversidad y la igualdad de oportunidades en Harvard y aquí analiza el impacto de las mujeres en el mundo académico y de cómo la nueva generación de profesores está revalorizando la vida personal.El 14 de enero del 2005, el presidente de Harvard y ex ministro de Bill Clinton Larry Summers causó furor con sus comentarios sobre las mujeres en una conferencia sobre la diversidad en las ciencias y la ingeniería. Más que furor, ira.

El economista decidió plantear lo que llamó "una verdad desafortunada", poniendo sobre la mesa dos teorías que podían explicar, en gran medida, por qué había menos ingenieras y científicas: uno, porque los hombres casados están históricamente mejor preparados para aspirar a puestos de "alto voltaje" (con largos horarios, mucho compromiso). Dos, porque existían diferencias innatas en las habilidades científicas, matemáticas y el coeficiente intelectual de niños y niñas.

Summers también contó que le había regalado dos camiones a sus hijas de dos años y medio, y que las niñas los trataban como muñecas: papá camión y bebé camión. A esa altura de la conferencia, la prestigiosa bióloga del MIT Nancy Hopkins se paró y se fue, mientras Summers se internaba en un jardín de disculpas y explicaciones que lo llevarían a renunciar a su cargo un año más tarde.

"Esta oficina se creó a raíz de los comentarios que hizo el entonces presidente de Harvard Larry Summers sobre las mujeres y la ciencia. ¿Los recuerdas?", pregunta Judy Singer, primera mujer que integró la Academia Nacional de Educación en Estados Unidos y la Sociedad de Estadística norteamericana.

-Sí, se recuerdan en varias partes del mundo.

-Exacto: en todo el mundo. Fue tras esos comentarios que Summers designó un grupo de trabajo sobre mujeres y una de sus principales recomendaciones fue crear un nuevo puesto en Harvard, una Vicerrectoría para el Desarrollo Docente y la Diversidad, el puesto que hoy desempeño.

La primera persona en el cargo fue Evelynn M. Hammonds, historiadora feminista, experta en la intersección entre ciencia, raza y género, y parte de la primera generación de escolares afroamericanos que vivió la integración racial de los colegios públicos en Estados Unidos.

El desacreditado Summers fue reemplazado el año 2007 por Drew Faust, la primera mujer presidenta de Harvard. Faust, a su vez, nombró a Hammonds la primera mujer y persona afroamericana en dirigir el Harvard College, la más grande de las doce escuelas de la universidad.

Desde entonces, Singer -que estuvo en Chile en una conferencia en la Universidad Católica- se convirtió en la vicedecana a cargo de impulsar la diversidad y la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres a lo largo de todo Harvard. Su oficina tiene algo que decir tanto en la búsqueda de nuevos profesores como en las denuncias de acoso sexual, en la promoción de los académicos o el cuidado de sus hijos mientras trabajaban.

"Estamos enfatizando el cuidado de los niños, eso es algo importante para nosotros. Hemos mejorado nuestros programas de becas de cuidado infantil para los docentes y vamos a aumentar las vacantes de cuidado infantil en el campus en un 20 por ciento", calcula Singer.

El cuidado de los niños no es lo primero que viene a la mente cuando se piensa en cómo lograr calidad académica. Para expertas como Singer, esa es una de las medidas que permiten ampliar la diversidad y asegurar la excelencia de una institución.

"Para mantener nuestra competitividad tenemos que atraer a los mejores profesores, porque hay muchas otras universidades bastante atractivas haciendo grandes esfuerzos por atraer a los mejores, hombres y mujeres. Esos docentes jóvenes además tienen una visión distinta del trabajo. Quieren mejor equilibrio laboral y aspiran a ambientes mucho más igualitarios. Por eso tenemos que ofrecerles cosas que hace diez años no se discutían, como la reducción de las horas de trabajo para nuevos padres o espacio para el cuidado de los niños".

Esas son las cosas "que ayudan a nivelar la cancha entre hombres y mujeres", dice la vicedecana.

-Es un cambio cultural importante.

-El cuerpo docente de Harvard era totalmente masculino hasta los 40. Harvard era una universidad para hombres y todo su profesorado era masculino. Solo en 1948, después de la Segunda Guerra Mundial, una mujer llegó a ser profesora titular en Harvard. Existía una cátedra que tenía un fondo que solo se podía utilizar si se designaba a una mujer y hasta 1970, así se incorporaba a las mujeres, y se promovía solo a aquellas que eran especialmente fuertes o famosas. Solo en esa época se generó un movimiento que obligó a examinar la situación de las mujeres en Harvard y se comenzó a dar espacio para que iniciaran una carrera académica en la universidad. Ahora un 40% del profesorado que puede alcanzar la titularidad es femenino, y un 27% de los profesores titulares son mujeres. Es una situación muy diferente.

-Existía en ese momento una narrativa que consideraba aceptable excluir a las mujeres.

-Y precisamente estamos tratando de instalar una nueva narrativa que destaque por qué la diversidad es importante en todas las organizaciones. Yo puedo hablar sobre las universidades, y allí es bastante simple: la excelencia de nuestro profesorado es el mayor determinante de la excelencia de nuestra universidad, y por eso nuestro interés es nombrar a las mejores personas en nuestro cuerpo académico. Si consideras que hoy el 40% de nuestros profesores que aspiran a titulares son mujeres y en 1970 no había ninguna, eso significa que probablemente estábamos contratando a un grupo de hombres que estaba menos calificado que varias mujeres para sus puestos.

-Es un comentario provocativo.

-Si quieres contar con el mejor talento, tienes que buscarlo en todas partes; y si excluye a ciertos grupos, ya sean mujeres o, en el caso de Estados Unidos, a cualquier minoría, estás excluyendo talento, y probablemente estás contratando a personas que no son tan buenas como las que estás excluyendo. ¡Es así de simple!

Si se buscan pruebas de los beneficios de la diversidad, y las dificultades que encuentran las mujeres para llegar a los puestos más altos en la academia y otras áreas, Singer, como buena académica, conoce varias.

-Mi colega Claudia Goldin, del Departamento de Economía de Harvard, realizó un estudio basado en las orquestas de Estados Unidos, que en los años 60 pasaron de realizar audiciones abiertas, donde los futuros intérpretes entraban y tocaban frente al director y algunos miembros de la orquesta, a las audiencias ciegas, donde los aspirantes tocaban detrás de una cortina. Así que en vez de ver al postulante, de ver cómo el violinista movía el arco, por ejemplo, las personas que seleccionaban solo escuchaban sus interpretaciones. Y he aquí que una vez que las audiciones pasaron de ser abiertas a ciegas, hubo un aumento estadísticamente significativo en el número de mujeres seleccionadas en las orquestas.

-Es un ejemplo lindo y sencillo.

-¿No es hermoso? Es un gran estudio. Existe evidencia irrefutable de que características como la apariencia de las mujeres terminan determinando la selección de las personas. No puedes hacer un proceso de postulación académica completamente ciego, pero hemos intentado experimentos en los que, por ejemplo, eliminamos la información demográfica en la postulación. Es difícil, porque las cartas de recomendación utilizan pronombres, pero creo que la evidencia es clara sobre el efecto de los procesos de selección ciegos. También está claro que grupos diversos toman mejores decisiones que grupos homogéneos. Y eso es importante si piensas que las universidades se autogobiernan. Hay pruebas claras de que el juicio colectivo de un grupo variado de personas con perspectivas distintas determinará mejores decisiones que las de un grupo homogéneo donde todos piensan igual.

-Para cambiar la historia de una universidad, no solo tienes que cambiar la cantidad de mujeres nombradas, sino que toda una cultura.

-Todavía estamos abordando el tema cultural, es un trabajo en progreso. Pero una forma de encararlo es nombrando líderes visibles en estas áreas. Nosotros hemos sido muy afortunados de haber tenido durante los últimos once años una mujer presidenta en Harvard. Eso definitivamente marca la pauta. Mis antiguos colegas decanos solían decir que en presidencias anteriores, cuando estabas en un grupo y había demasiadas mujeres en la sala, sabías que ese no era un espacio de poder. Pero cuando Drew Faust se convirtió en presidenta, sabían que si estabas en una reunión y no había mujeres, no estabas en un lugar de poder.

"Nosotros hemos sido muy afortunados de haber tenido durante los últimos once años una mujer presidenta en Harvard. Eso definitivamente marca la pauta".

Source: El Mercurio