Federico Cortese, de la Orquesta Sinfónica de Harvard - Radcliffe: Federico Cortese, director de la Orquesta Harvard-Radcliffe: "Para todo músico es un desafío tocar Beethoven"

May 31, 2017
Aquí explica el atractivo de conducir una orquesta de jóvenes, y marca las diferencias con las de carácter profesional. La orquesta se presenta el 1° de junio en el CCK, el domingo en Tucumán y el martes en Córdoba.

Federico Cortese
Federico Cortese. El director propone un abordaje que contemple un compromiso con la ejecución que no se agote en lo técnico. (Foto: Martín Bonetto)

"Dirigir una orquesta juvenil es un desafío excitante", afirma Federico Cortese, director de la Orquesta Sinfónica de Harvard-Radcliffe, de la Universidad de Harvard, que con el pianista George Li como solista se presenta el 1° de junio, a las 20, en la Sala Sinfónica del CCK (con entrada gratuita), el domingo 4 en Tucumán y el martes 6 en Córdoba. “Los resultados artísticos de la orquesta son producto primordialmente del trabajo colectivo", redondea la idea.

La orquesta de Harvard, fundada en 1808, una de las agrupaciones juveniles de mejor nivel en la música clásica y cuyos 209 años de vida la ubican entre las primeras surgidas desde un centro de estudios ofrecerá en su presentación en el centro cultural porteño un repertorio amplio y de una interesante plasticidad orquestal: Un americano en París, de George Gershwin; el Concierto para piano y orquesta N° 1 de Franz Liszt y la Cuarta Sinfonía, de Beethoven.

La orquesta llegó a Buenos Aires con uno de los jóvenes solistas de mayor talento de la escena clásica actual, el pianista chino-norteamericano George Li, de 22 años; un músico que ya actuó con la Sinfónica de Berlín, y con las filarmónicas de San Petersburgo y de Los Angeles, entre otras. Li debutó a los nueves años con la Filarmónica de Xiamen, y dos años más tarde tocó en el Carnegie Hall. Entre los premios que recibió, se destaca la medalla de plata en la Competencia Internacional Tchaikovsky, en 2015.

-En una entrevista anterior, usted señaló que prefería dirigir orquestas juveniles que de músicos profesionales ¿Podría darnos las razones para esta preferencia?

-No dije exactamente eso, sino que estar frente a una orquesta sinfónica de jóvenes es una experiencia única, excitante, que tiene como recompensa poder ver crecer a una agrupación que está dispuesta a enriquecerse con la experiencia. En una orquesta profesional hay pocos ensayos, y el nivel de los músicos es el nivel de la orquesta; en una juvenil hay muchos ensayos y el resultado final es un resultado colectivo. Además, es fácil mantener una relación más relajada con sus músicos, lo cual colabora con el resultado final.

- ¿Cuál es su balance sobre la orquesta en estos años, desde 2009, en que viene dirigiéndola?

- Dirijo dos orquestas; una muy grande en número e intensa que tiene un programa de acceso a jóvenes de familias con dificultades económicas, y la otra es Harvard. La situación es diferente; en esta orquesta hay talentos extraordinarios, pero que por la propia dinámica de una institución tan grande como Harvard tiene rigideces con las que hay que trabajar, ya que la calidad de los estudiantes es muy buena. Entonces podría decir que respecto del trabajo con la orquesta de Harvard exhibe un excelente nivel y eso me deja muy satisfecho, en tanto que en el otro proyecto disfruto de ver que ha crecido enormemente en estos años.

- En el CCK harán un repertorio con música de Gershwin, Liszt y Beethoven. ¿Tanta variedad no encierra un peligro?

- Es verdad que es muy amplio. No queríamos hacer un programa intelectual. Gershwin es una pieza americana y a la orquesta le encanta; Liszt se debe a que George Li nos ofreció tres o cuatro posibilidades, y una de ellas fue este concierto; y Beethoven, porque es Beethoven…

- ¿Es el desafío de la noche hacer Beethoven?

- Para todo músico es un desafío tocar Beethoven. Para los jóvenes, quizás un poco más. Es un compositor abstracto, su pensamiento es abstracto y hay una parte de su música que tiene que ser melódica y elegante, pero hay otra que sólo se puede entender si se piensa en la estructura musical. Y es difícil aceptar que hay momentos que solo pueden funcionar si se piensa en la estructura de la composición. Beethoven tiene una parte expresiva muy clara, pero también tiene ese espacio abstracto. Era un hombre solitario, siempre dentro de sí mismo. Es muy difícil su música porque hay que penetrar en su mundo.

- ¿Por qué la Cuarta Sinfonía, una de las pares, de tono “popular”?

- La cuarta es un poco más rara; es extremadamente difícil y elegante; es extraña. Con un movimiento muy melódico y con cambios sorprendentes. La construcción de esta sinfonía es extraordinaria y su lógica armónica es muy interesante. No sé por qué no se hace tan a menudo. Quizás porque está entre dos sinfonías tremendas.

- ¿Conoce la Paradoja de Bülow, que dice “no hay malas orquestas sino malos directores"? ¿Qué piensa de ella?

- Admito que la sustancia de esta paradoja es verdad, pero cambiaría un poco ese concepto. Las orquestas profesionales tienen pocos ensayos y eso va en desmedro, a veces, del resultado; pero las agrupaciones juveniles, no. Lo primero que resalto en este aspecto es que la relación de una orquesta juvenil con el director es mucho mayor; por eso me gusta dirigir orquestas de jóvenes. Se puede trabajar bastante y los resultados son realmente excitantes. Todos tenemos el mismo propósito.

Aquí interrumpe el asistente del director, el cellista Sasha Scolwiek Brower, para agregar: “Cuando los estudiantes trabajan en conjunto el nivel que llegan es más alto que si trabajásemos de manera individual”.

- ¿Cuál son los puntos más fuertes de la orquesta?

- La curiosidad, el entusiasmo, pero sobre todo la inteligencia. Y a pesar de los momentos tensos, hay un muy buen ambiente. Creo, como dice Daniel Barenboim, que el problema con nuestra música es que ha perdido contacto con la comunidad intelectual; nos hemos vuelto mucho más técnicos, pero eso no es todo. La inteligencia no es lo primero que utilizan los músicos en una orquesta. Pero estos jóvenes son todo lo contrario: son inteligentes. Me permiten decirles no sólo qué tocar, sino por qué. Y me entienden.

SOURCE: Clarín