Educar y crear sin aburrimiento, entrevista con Doris Sommer

August 8, 2017
La Profesora de Lenguas Romances y Literatura de Harvard, Doris Sommer, llega a Buenos Aires para dictar talleres que promuevan pensamiento crítico y civismo con el arte.

por Ana Prieto

Educar y crear sin aburrimiento

Celulares. “¿Por qué uno mira su celular? Porque alrededor no pasa nada”, argumenta Sommer y critica la escena del aula. Doris Sommer

A poco de llegar a la Argentina –invitada por el Instituto de la Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires y el programa Arte en Barrios– Doris Sommer atiende una llamada de Ñ en su casa de Massachusetts. Su castellano es perfecto, e incluye modismos regionales propios de alguien que ha recorrido largamente los países latinoamericanos. Profesora de Lenguas y Literaturas Romances y de Estudios Africanos y Afroamericanos en la Universidad de Harvard, Sommer también dirige la Iniciativa de Agentes Culturales, que promueve el pensamiento divergente de las artes y las humanidades para solucionar los problemas de la vida real, y la iniciadora del programa pedagógico Pre-Textos. Este proyecto, puesto en marcha en las zonas más pobres de Boston y países de Africa y América Latina, tiene el objetivo de formar a docentes y capacitadores en la lucha contra el analfabetismo, fomentar la lectura, la comprensión de textos y desarrollar el pensamiento crítico y el civismo a través del arte. Eso hará en Buenos Aires, sumándose al plan de urbanización e integración de villas con dos talleres intensivos para promotores culturales de los barrios 20, Rodrigo Bueno, Lamadrid, 31 y Fraga.

–Para usted hay una fuerte relación entre placer, educación y cambio social. Pero aun hoy, después de tantas revoluciones, desarrollos y conquistas sociales, concebimos al placer como “premio” o como algo reservado para espacios de frivolidad. ¿Por qué?

–La modernidad se entiende a través de un pensamiento que formalizó Max Weber cuando escribió La ética protestante y el espíritu del capitalismo. El chiste trágico de ese libro es que Weber lo escribió para advertirnos de que, dada esa cultura capitalista basada en un protestantismo radical, íbamos a quedar encerrados en una jaula de hierro. Lo que hace el espíritu calvinista a través de la cultura del capitalismo es quitarte el placer, es anhedónica. Cuando sientes placer te estás acercando no solo a la inutilidad sino al pecado. Y digo que es un chiste trágico porque Weber escribe una advertencia y nosotros leemos su libro como si fuese un manual, una guía precisamente hacia la jaula de hierro. No sé si él se lo tomó muy en serio; creo que era muy orgulloso de su propia cultura alemana, pero vio los peligros y dijo a los estadounidenses y a los ingleses que todavía tenían ventanillas abiertas al placer y que tuvieran mucho cuidado con que no se cerraran.

–¿Y cómo se ha discutido esa jaula de hierro post Weber?

–La neurociencia moderna nos ha dicho durante años, con un estudio tras otro, que sin placer el aprendizaje no se queda. Sin dopamina, sin serotonina, el conocimiento no prende. De modo que sabemos científicamente que el placer hace bien. También sabemos cultural y sociológicamente que la falta de placer nos convierte en máquinas, pero así y todo tenemos unas prácticas tan arraigadas, creemos tanto en la idea de que la letra solo con sangre entra, que es muy difícil desenjaularnos. Pero si uno ve a los más interesantes promotores de una pedagogía nueva, radical, eficaz, empezando por María Montessori, y siguiendo por John Dewey, Paulo Freire, o Reggio Emilia, ¿de qué se trata la pedagogía reformista sino de juego, participación, placer? Sin alegría, no puedes permanecer en el pupitre.

–La clase se convierte en la espera del recreo…

–¿Pero qué tal si no puedes distinguir entre el recreo y la lección? ¿Qué tal si después de leer un texto de historia aburridísimo lo conviertes en una pintura, en un desfile, en un concierto, en cualquier modalidad creativa que le guste a los niños y a los maestros? Esto también involucra a los maestros: si están mal pagos y frustrados, no tendrán mucha eficacia.

–Las escuelas no parecen demasiado proclives a la creatividad; los alumnos siguen sentándose en fila y mirando la nuca de sus compañeros…

–Sí, ¿y qué tipo de civismo, qué tipo de política, qué tipo de democracia se pretende con esa coreografía? ¿Es posible enseñar valores cívicos y políticos organizando el aula de esa manera? Los padres y madres que tienen recursos mandan a sus niños a escuelas Montessori o Waldorf donde se sientan en círculo, se miran las caras, y valoran la importancia de cada uno. En filas se sientan las máquinas.

–Además de los bajos salarios y de la precarización general de la educación pública, está la de la brecha tecnológica entre chicos y maestros. Muchos docentes se quejan de su lucha para que los alumnos suelten el celular.

–Si la escuela es un lugar donde los niños no disfrutan del tiempo que pasan en el aula, se van a volcar cada vez más a sus celulares. ¿Por qué uno mira su celular? Porque alrededor no pasa nada. La solución es muy sencilla y siempre la misma: hacer actividades lúdicas, agradables y difíciles. Un error que hemos cometido en las escuelas públicas es menospreciar las habilidades de los estudiantes y proponerles tareas fáciles. Lo fácil es aburrido.

–Su método pedagógico parte de la estética. ¿Por qué eligió ese camino?

–Acudo a la filosofía estética por muchas razones. Empiezo por el proyecto de Immanuel Kant, de que sin estética no se llega a desarrollar el juicio. Y sin juicio no tenemos modernidad. Uno de los discípulos de Kant es el formalista ruso Viktor Shklovski, quien en El arte como artificio dice, entre otras cosas, que la dificultad misma es un valor estético. Uno disfruta la dificultad. Uno se ríe con un buen chiste porque no fue fácil entender su sentido. Te gusta una adivinanza porque tuviste que esforzarte para solucionarla. La dificultad es un placer, y ese es un detalle que olvidan los maestros, los directores de escuelas, los padres, todos. Un maestro no es un explicador; es un facilitador que manda a los chicos a saber más.

–¿Cómo diferencia entretenimiento de una experiencia estética?

–El entretenimiento consiste en saciar el aburrimiento o el tiempo muerto; es una satisfacción, no un estímulo. En cambio, el arte es un estímulo que dispara una acción; que busca una respuesta. Si tienes que buscar más y más estímulos es señal de que lo que tienes delante es entretenimiento, no arte. El arte pica. Es una puya. El entretenimiento es somnífero.

–¿En qué consiste Pre-Textos?

–Como profesora de literatura me interesa la lectoescritura, que es un indicador estable en todos los informes sobre el desarrollo. ¿Qué hacemos nosotros, los que sabemos que leer y escribir es fundamental, frente a la carencia de poblaciones enormes que no saben y no se interesan en la lectoescritura? Mi respuesta ha sido el proyecto Pre-Textos. Tomamos un texto desafiante, incluso aburrido, y lo usamos como materia prima para hacer otras cosas: cocinar, bailar, coser, dibujar, pintar, cantar. ¿Por qué no usar un texto que no te interesa como punto de partida para hacer algo que sí te interese? De ese modo no te aburres y aprendes el texto como nadie. Y el protocolo siempre es el mismo: hacer un calentamiento previo para perder la vergüenza, convertir la filas en círculos, y empezar por hacer libros a la cartonera, mientras alguien lee el texto en voz alta. No es algo sencillo: estás armando un libro mientras escuchas e intentas entender. Así que no hay manera de que te distraigas con un teléfono ni con otra cosa. Después, todos en el aula le hacen una pregunta al texto. El niño que entendió mucho hará una pregunta más sofisticada y el que no entendió nada preguntará por una palabra, pero todos abordarán al texto desde la curiosidad, y eso crea un ambiente de igualdad.

–Apela a la tradicional lectura oral…

–Sí; se lee en voz alta como se leía en las fábricas de tabaco del Caribe hispano. Los torcedores de tabaco hacían colectas de dinero para que un lector profesional, un actor o un locutor les leyera en voz alta, mientras ellos trabajaban. Sus manos eran expertas y armaban el tabaco con lo que su mente podía concentrarse en lo que oían. Los trabajadores seleccionaban los textos y eran de alta categoría: Shakespeare, Dante, Cervantes, Michelet, Karl Marx. Todos salieron intelectuales, aunque muchos fuesen analfabetos.

–¿Cambian el programa según el contexto?

–No cambiamos nada porque llegamos con muy poco. No llegamos ni con el contenido ni con el tipo de arte que va a surgir. Llegamos con un protocolo de cuatro renglones, como llegaba Augusto Boal a hacer Teatro Foro en América, Asia y Africa: con una pregunta honesta. Y después la gente se organiza en torno a un guión que ellos escribían y representaban.

–Al trabajar en barrios carenciados hay quien le dirá que antes que educación alternativa se necesitan cloacas. ¿Qué responde a un argumento así?

–Mi respuesta es que el recurso principal de un barrio es el capital humano, no una cloaca. Y la única manera de desarrollar el capital humano es con una educación de calidad. La única. No hay salud pública, no hay seguridad contra el crimen, no hay nada si no hay buena educación. Todos los otros servicios se caen y las inversiones no tienen sentido si no nos ocupamos de la calidad educativa. Además, ¿cómo empezó la reforma educativa de María Montessori? Precisamente en barrios miserables de Roma. Ella no trabajó con niños que tenían tiempo para jugar; lo hizo con niños malnutridos, pobres y discapacitados. Y llegó a resultados que en algunos casos superaban los resultados medios de los niños de buena situación económica. Por eso llegó a ministra de Educación de un país tan conservador como Italia, incluso siendo madre soltera. Su hazaña fue notable. Es un ejemplo fundador. Aquí no estamos inventando nada.

SOURCE: Clarín Revista Ñ